Zibatá, Zarú y Zakia: donde la vivienda se convierte en comunidad y la comunidad en hogar

Querétaro ha vivido un crecimiento acelerado en desarrollo urbano, pero pocos proyectos han logrado algo tan elemental —y al mismo tiempo tan difícil— como construir comunidad real. Zibatá Zarú y Zakia, desarrollos de Grupo Supraterra en el municipio de El Marqués, han demostrado que un fraccionamiento no se define solo por sus casas, avenidas o amenidades, sino por el sentido de pertenencia que sus habitantes logran construir día con día.

Quien visita Zibatá, Zarú o Zakia por primera vez suele sorprenderse por sus parques cuidados, sus áreas verdes extensas y la planeación urbana que prioriza la movilidad y la convivencia. Pero quienes viven ahí saben que estos espacios son solo el punto de partida. La verdadera riqueza de estos desarrollos está en la red de relaciones humanas que se va tejiendo alrededor de ellos.

En cada parque hay historias: familias que se conocieron mientras sus hijos jugaban; vecinos que empezaron saludándose de lejitos y hoy celebran juntos cumpleaños, posadas y hasta fines de semana improvisados; jóvenes profesionistas que encontraron en la comunidad un círculo de apoyo para emprender o simplemente para sentirse acompañados en un entorno nuevo.

El valor invisible de una buena planeación urbana

Zibatá, Zarú y Zakia comparten una filosofía: la vivienda no debe ser un simple refugio, sino un facilitador de experiencias. La configuración de sus espacios —calles caminables, parques conectados, áreas deportivas abiertas, puntos de reunión naturales— incentiva algo que en muchas ciudades se ha perdido: verse, saludarse, convivir.

Ese diseño urbano no es casualidad. Está pensado para que las personas se encuentren, se reconozcan y construyan vínculos. Porque una comunidad no se decreta: se cultiva.

Vecinos que se vuelven amigos; amigos que se vuelven familia

Quizá uno de los fenómenos más valiosos de Zibatá, Zarú y Zakia es que sus habitantes han formado comunidades entrañables, grupos donde abundan el apoyo mutuo, la solidaridad y la vida compartida.

Desde familias que organizan rondas de vigilancia vecinal hasta quienes forman clubes de lectura, caminatas, ciclismo o actividades infantiles; desde vecinos que se ayudan a cuidar mascotas hasta chats comunitarios donde circulan recomendaciones, avisos y hasta recetas.

Ese tejido social —cada vez más fuerte— genera un entorno que se traduce en seguridad, tranquilidad y bienestar emocional. Un lugar donde los nuevos vecinos no tardan en sentirse parte.

Juegan basquet

Un modelo que redefine la vida urbana en Querétaro

En un estado que crece con rapidez y que enfrenta retos de desarrollo, Zibatá, Zarú y Zakia se han convertido en referentes de cómo debe evolucionar la vivienda: proyectos donde la infraestructura convive con el espíritu comunitario, donde la calidad de vida no depende solo de la construcción, sino de la posibilidad de crear vínculos humanos.

Porque al final, incluso en los mejores desarrollos urbanísticos, nada sustituye lo esencial:
tener a alguien con quien platicar, a quien saludar, con quien compartir la vida cotidiana.

Conclusión: hogares que trascienden las paredes

Zibatá, Zarú y Zakia son prueba de que un hogar no se construye solo con ladrillos, sino con relaciones.
Son comunidades donde la pertenencia nace de los espacios, pero florece en la convivencia. Lugares donde las personas no solo viven: se encuentran, se reconocen y se acompañan.

En un mundo donde las ciudades tienden al aislamiento, estos desarrollos recuerdan algo simple y profundo:
cuando la comunidad se fortalece, todos vivimos mejor.

Zibata 7

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