Creímos que salvar el planeta era abrazar árboles… y olvidamos entender la vida
Ana descalza en Entrevista con David Smeke
Hablar de medio ambiente suele reducirse a discursos sobre árboles, áreas verdes o paisajes lejanos. Sin embargo, para la bióloga y divulgadora científica conocida como Ana Descalza, la verdadera defensa de la naturaleza comienza con algo mucho más profundo: el conocimiento.
Durante una conversación reciente, Ana Descalza planteó una reflexión contundente: el problema ambiental no es solo la destrucción de ecosistemas, sino la desconexión que los seres humanos hemos desarrollado con la vida que nos rodea. “No es que nos alejemos de la naturaleza, es que olvidamos que nosotros somos naturaleza”, señaló.
A través de sus contenidos en TikTok, Instagram y YouTube, Ana ha logrado acercar la biología a miles de personas mediante clips breves y accesibles que revelan la complejidad del mundo natural. Desde organismos microscópicos hasta especies marinas como el pulpo —capaz de operar con un sistema equivalente a nueve cerebros y tres corazones—, su trabajo busca despertar admiración antes que culpa.
“La conservación no nace del miedo ni de las malas noticias constantes, nace del amor y de la admiración”, explicó. Para Ana, conocer cómo funcionan los organismos transforma la manera en que tomamos decisiones cotidianas: qué consumimos, cómo interactuamos con el entorno y qué tanto respetamos otras formas de vida.
Uno de los ejes centrales de su discurso es la pérdida de la curiosidad. Desde la infancia, dijo, las personas aprenden a no tocar, no preguntar y no observar. Esa desconexión se refuerza en sistemas educativos donde la biología se enseña como una lista de procesos para memorizar y no como una red viva de interacciones. “Es imposible que no te guste la biología; lo que pasa es que muchas personas tuvieron un mal maestro”, afirmó.
Ana también subrayó la importancia de comprender procesos aparentemente simples, como la respiración. Recordó que el oxígeno que inhalamos no solo proviene de los árboles, sino que cerca del 50% se genera en los océanos gracias al fitoplancton. “Cuando entiendes eso, tirar basura al mar deja de ser un problema ajeno”, advirtió.
El nombre Ana Descalza no es casualidad. Más allá de caminar literalmente sin zapatos en muchos de sus recorridos por el campo, el concepto funciona como una metáfora: quitarse las barreras mentales, percibir el mundo con los sentidos y reconocer que formamos parte de los ecosistemas que pisamos. “Estar descalzo es permitirte sentir, incomodarte y entender que no estás por encima de la naturaleza, sino dentro de ella”, explicó.
Para quienes desean aprender más, Ana invita a entrenar la curiosidad: hacerse preguntas cotidianas, investigar, observar y aprovechar las herramientas digitales para informarse. “La curiosidad se practica”, aseguró.
En un contexto marcado por crisis ambientales, saturación informativa y desinterés, la propuesta de Ana Descalza resulta clara: reconectar con la vida a través del conocimiento, la observación y la admiración. Solo así, sostiene, será posible cuidar aquello que muchas veces pasa desapercibido, pero que sostiene nuestra propia existencia.
Entrevista completa en:





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