MORENA ¡ ganó perdiendo !
La votación en la Cámara de Diputados dejó una escena que desnuda con crudeza la realidad del sistema político mexicano.
La reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum no alcanzó la mayoría calificada necesaria para aprobarse. Hasta ahí, podría parecer una derrota legislativa más. Pero lo verdaderamente revelador no fue el resultado, sino quiénes votaron contra ella.
Los supuestos aliados de Morena —el PVEM y el PT— decidieron cruzar la línea y votar junto a quienes dicen ser su oposición: PAN, PRI y Movimiento Ciudadano.
La escena fue tan simbólica como reveladora:
la llamada oposición y los aliados coyunturales del oficialismo se unieron… para defender exactamente lo mismo.
La partidocracia.
Porque si algo quedó claro en esta votación es que el sistema político mexicano sigue diseñado para proteger a los partidos, no para fortalecer la democracia.
La propuesta de la presidenta era, en esencia, simple: fortalecer la decisión de las mayorías. Pero para los partidos eso representa un riesgo. No porque estén en contra de la democracia —eso sería demasiado honesto—, sino porque amenaza su capital político.
Muchos de ellos saben algo que los números electorales ya demostraron:
no tienen suficientes seguidores, ni propuestas lo suficientemente atractivas, para competir en igualdad de condiciones.
La propia Cámara de Diputados lo demuestra.
Ni todos los partidos juntos logran superar electoralmente a Morena. La reforma no pasó porque se requería mayoría calificada, pero en votos Morena superó a todos los demás partidos sumados… incluso con algunos insurrectos en su propio bloque.
La oposición tradicional tampoco ofrece mucho que celebrar.
El PAN y el PRI, con un desgaste político acumulado durante décadas, sobreviven más por inercia que por entusiasmo ciudadano. Su narrativa se ha reducido a resistir, no a proponer.
El PT, que resurgió políticamente gracias a su alianza con Morena después de años de marginalidad, hoy parece olvidar de dónde viene. En política, dar una patada a quien te levantó suele tener consecuencias. Y si algo ha demostrado la historia electoral mexicana es que los partidos pequeños desaparecen con la misma facilidad con la que reaparecen.
El Partido Verde merece capítulo aparte. No por su coherencia ideológica —porque nunca ha presumido tener una— sino por su habilidad camaleónica. Su verdadera doctrina política podría resumirse en una sola frase:
“Estoy con quien me conviene.”
Después de este episodio, no sería extraño que algunos liderazgos locales del verde ya estén calculando rutas en solitario, apostando a que el pragmatismo vuelva a rendir frutos.
Y luego está Movimiento Ciudadano, un proyecto que nació con la promesa de abrir espacios a ciudadanos y profesionistas, pero que hoy se parece cada vez más a una agencia de reciclaje político. Los mismos perfiles de siempre, con distinto color de camiseta.
El resultado de todo esto es devastador para la credibilidad del sistema.
Los partidos no están defendiendo una visión democrática distinta.
Están defendiendo un modelo que les permite sobrevivir sin competir realmente.
Listas que colocan políticos sin que los ciudadanos los elijan directamente.
Cúpulas que deciden candidaturas.
Estructuras que privilegian acuerdos entre élites antes que votos en las urnas.
Es la política de la comodidad.
Una política que evita el esfuerzo de convencer a nuevos votantes, de sumar jóvenes reales a las candidaturas, de refrescar la vida pública.
Y esa pobreza política termina produciendo una paradoja.
Mientras la oposición se organiza para impedir reformas, Morena sigue capitalizando algo mucho más poderoso: la percepción de que es el único partido que todavía intenta proponer algo.
Sí, Morena tiene sus contradicciones.
Sí, carga con funcionarios cuestionables que rara vez son expulsados.
Sí, su proyecto está lejos de ser perfecto.
Pero frente a un sistema donde muchos partidos solo reaccionan, Morena sigue apareciendo como el único que propone.
Por eso la pregunta del día no es si Morena perdió una votación.
La pregunta es otra, mucho más incómoda para el resto del sistema político:
¿Puede perder una reforma… y aun así seguir ganando la narrativa del poder?
Porque si algo quedó claro en esta jornada legislativa es que, mientras unos bloquean, otros construyen relato.
Y en política, el relato suele ganar más elecciones que las votaciones parlamentarias.





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