El club de los Directores: hombres, periodismo, poder… y silencio
Hay imágenes que dicen más que cualquier disculpa
Una reunión, una fotografía institucional… y una constante: solo hombres.
No es un hecho aislado. Ocurrió en un encuentro con el comandante de la XVI Zona Militar en Querétaro, el General de Brigada DEM Guillermo Lira. Pero ya había ocurrido también en la presentación del secretario de Gobierno, Eric Gudiño. Esto comienza a parecer patrón.
¿Y quién decide quién sale en la foto?
Porque aquí nadie se equivoca por casualidad dos veces.
Algunos de los asistentes han intentado deslindarse con un argumento cómodo: “a nosotros nos invitaron”. Como si la responsabilidad terminara en aceptar la silla. Pero si son periodistas, ¿no tendrían que cuestionar? ¿Quién va? ¿En este mes de la mujer habrá compañeras? ¿Puedo llevar a mis colaboradoras?
La versión terminó por quebrarse cuando el propio General Lira afirmó que la invitación a medios fue realizada por los mismos medios de comunicación.
Entonces la pregunta deja de ser incómoda… y se vuelve directa:
¿existe un grupo que decide, filtra y reproduce un círculo de periodistas hombres?
Un club de directivos no declarado.
Un filtro invisible.
Una práctica normalizada.
Pero hay algo que indigna aún más.
Después de las fotografías vinieron las declaraciones. Se dijo que las compañeras estaban “ardidas”, que no fueron invitadas porque “no importan”. Lo dijo Mario León —el “maestro de la redacción”—, acompañado de risas de sus colegas de Blanco y Negro. Los mismos que aparecen en ambas fotografías.
Cometieron un acto de violencia simbólica, contra las mujeres periodistas quienes reclamaron de inmediato, y exigieron respeto al gremio de mujeres comunicadoras.
Después vino una primera disculpa, deficiente, donde se justificaba todo bajo el pésimo argumento de haber hablado con “franqueza”.
Y después, una segunda disculpa, leída en prompter, para no equivocarse.
Pero más allá del espectáculo de las disculpas, lo que realmente indigna son las voces que no pudieron hablar.
¿Qué pasa con las mujeres dentro de esos mismos medios?
En los espacios de estos comunicadores y en los más de veinte medios que estaban en esa foto.
Reporteras, comunicadoras, periodistas que vieron lo mismo, que entendieron lo que estaba ocurriendo… pero que no pudieron decirlo desde sus propios espacios.
Así es!! los periódicos las callaron !!
No encontré ni una nota al respecto, que señalara el acto de violencia contra las mujeres
Seguramente no porque no quisieran publicarlo.
Sino porque no las dejaron.
Porque sus medios —los mismos cuyos directores estaban sonriendo en la fotografía— decidieron no incomodar, no señalar, no exhibir.
Y entonces el silencio deja de ser casualidad… y se convierte en línea editorial.
Aquí es donde la realidad se vuelve más dura: hay mujeres periodistas que tuvieron que salir a decir lo que pensaban desde sus redes personales, desde sus propios canales, sin el respaldo de la estructura que debería protegerlas.
Lo hicieron con riesgo.
Con dignidad.
Y con una claridad que otros, con más poder, no tuvieron.
Además, más de diez mujeres periodistas —cuyo trabajo es ampliamente reconocido— se plantaron frente al gobernador y, con firmeza, le exigieron ser garante de los derechos y la equidad que deben tener las mujeres, además de pedir un posicionamiento inmediato.
El gobernador respondió con un mensaje de cero tolerancia a cualquier forma de violencia contra las mujeres, no solo hacia las comunicadoras.
A ellas, el reconocimiento es obligado.
Porque hablar frente al poder cuando tu propio medio calla,
no es valentía discursiva…
es integridad profesional.
Pero el silencio no se quedó en los medios.
También alcanza a quienes están en el poder: diputadas, regidoras, funcionarias públicas.
Algunas sí alzaron la voz.
Pero otras —muchas— optaron por no hacerlo.
¿Miedo?
¿Cálculo político?
¿Disciplina institucional?
Sea cual sea la razón, el efecto es el mismo: la ausencia de respaldo también es una forma de posicionamiento.
Porque cuando la exclusión ocurre, no pronunciarse… también comunica.
Y así, la imagen se completa:
Una foto de hombres.
Un grupo que se invita a sí mismo.
Medios que no cuestionan.
Voces que son contenidas.
Y silencios que protegen.
En ese contexto, que nadie haya alzado la voz dentro de esa fotografía no es un detalle menor.
Es evidencia.
Porque en el periodismo, el silencio no es neutral.
El silencio también toma partido.
Hoy, la fractura en la comunicación en Querétaro es cada vez más clara.
Por un lado, medios corporativos, cómodos en su relación con el poder, reacios a cuestionarse, resistentes a incorporar nuevas miradas, y aún operando bajo esquemas que invisibilizan.
Por el otro, medios independientes que —con menos recursos pero con mayor libertad— están empujando una comunicación distinta: más crítica, más consciente, más abierta a aprender, a capacitarse y a evolucionar.
No se trata de una guerra.
Pero sí de una diferencia de fondo.
Entre conservar privilegios…
o transformar prácticas.
Aquí no hay un solo culpable.
Hay algo más profundo: un sistema que sigue operando como si la inclusión fuera opcional.
No es que no inviten mujeres.
Es que seguirán organizando las fotos los mismos.
Y mientras eso no cambie,
la comunicación en Querétaro seguirá siendo una simulación.





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