Entre mosquitos y cuetes: el fracaso ambiental municipal
La plaga de mosquitos en el bordo del Parque Querétaro 2000 ya dejó de ser una simple molestia vecinal. Hoy es el reflejo de una forma de gobernar: reaccionar cuando el problema explota y no cuando todavía puede prevenirse.
Platicando con un biólogo especialista en cuerpos de agua de contención, me aseguró algo contundente: para que exista una infestación de este nivel solamente pueden existir dos explicaciones. O el bordo no tiene mantenimiento, o el mantenimiento que recibe es completamente ineficaz.
Y entonces la pregunta es inevitable: ¿cómo un espacio tan importante para Querétaro llegó a este nivel de deterioro?
Porque no estamos hablando de un charco olvidado en una comunidad apartada. Estamos hablando del Parque Querétaro 2000, uno de los principales pulmones urbanos de la capital, rodeado por decenas de colonias y miles de familias que hoy no pueden ni abrir sus ventanas por la cantidad de mosquitos.
¿Faltan recursos? Difícil creerlo.
Si hubo dinero para reventar el cielo con toneladas de pirotecnia durante el festejo de los Arcos —afectando fauna, mascotas y contaminando el ambiente— entonces resulta absurdo pensar que no existan recursos para darle mantenimiento preventivo a un cuerpo de agua que impacta directamente en la salud pública.
Lo ocurrido con el bordo confirma algo que empieza a convertirse en patrón dentro de la administración municipal de Fernando Macías: un gobierno reactivo, no preventivo.
Esperaron meses de quejas. Esperaron el enojo de vecinos de más de 20 colonias. Esperaron bloqueos y presión social. Y apenas entonces comenzaron fumigaciones, limpieza y operativos que debieron existir desde hace años como parte de una estrategia permanente.
La historia ya la vimos también con la pirotecnia. Primero lanzaron un espectáculo desproporcionado de cuetes. Después vinieron las críticas de colectivos ambientalistas y ciudadanos. Y solo entonces el alcalde se comprometió a “analizar” el uso de la pirotecnia.
Otra vez reaccionando. Otra vez llegando tarde.
Dos casos distintos, pero unidos por el mismo fondo: una deficiente gestión en salud pública, gestión ambiental y calidad de vida urbana.
Lo preocupante es que pareciera que esta administración solo escucha cuando existe crisis mediática o costo político. Como si gobernar consistiera únicamente en apagar incendios y no en evitar que comiencen.
Y aun así, Fernando Macías sigue apareciendo en las listas de aspiraciones electorales y preferencias rumbo al futuro político de Querétaro.
La pregunta entonces ya no es solamente ambiental. Es política.
¿De verdad la ciudadanía está satisfecha con un modelo de gobierno que atiende los problemas solamente cuando se vuelven escándalo? ¿O simplemente el edil decidió ignorar a quienes no forman parte de su base política, apostando a que el desgaste lo sufrirán otros y no él?
Los mosquitos no distinguen colores partidistas. Pero la negligencia gubernamental sí termina teniendo responsables.





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