Querétaro: sí hay tiro
Si alguien todavía duda de que habrá competencia política real en Querétaro en 2027, lo ocurrido este fin de semana en Plaza Fundadores debería hacerlo reflexionar.
Sí hay tiro.
Y no porque lo digan las encuestas, las declaraciones o los discursos partidistas. Lo hay porque miles de personas llenaron uno de los espacios más emblemáticos de la capital queretana para celebrar el aniversario de la victoria de la Cuarta Transformación. Pero más allá de los números, lo verdaderamente relevante fue el mensaje político que dejó la jornada: la unidad.
Esa unidad que sus adversarios insisten en negar apareció frente a todos. Ahí estaba la senadora Bety Robles acompañada de una nutrida comitiva; los diputados locales de la 4T; Arturo Maximiliano, recién nombrado coordinador parlamentario, recorriendo la plaza bajo el intenso sol queretano; Santiago Nieto, en sus últimas horas como director del IMPI; Gilberto Herrera, respaldado por una porra que se hacía escuchar a varios metros de distancia; Luis Humberto Fernández, conversando con ciudadanos que se acercaban a saludarlo; Astrid Ortega, movilizando a un importante contingente proveniente de Cadereyta; y César Gutiérrez, la nueva y reluciente corcholata que, tras su paso por la coordinación económica del Corredor del Bienestar, levanta la mano para disputar la coordinación de la capital rumbo a 2027.
También estaba la diputada Gayou, así como regidoras, regidores y representantes de municipios como Pinal de Amoles, Peñamiller, Corregidora, El Marqués, Jalpan, Tolimán y Tequisquiapan, encabezado por el alcalde Héctor Magaña. A ello se sumaron los importantes contingentes de los partidos aliados de Morena, el Partido del Trabajo y el Partido Verde, que hicieron sentir su presencia y demostraron que la coalición gobernante no sólo existe en el papel, sino que tiene capacidad de organización y movilización territorial.
Seguramente había más actores políticos y sociales que resultaban difíciles de identificar entre una multitud entusiasta que acudió para seguir, a través de pantallas gigantes, el mensaje de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Los aplausos se sincronizaban con la transmisión. Las consignas surgían espontáneamente. Había ambiente de celebración, pero también de organización política.
Minimizar lo ocurrido sería intentar tapar el sol con un dedo.
Estamos hablando del crecimiento que ha experimentado un movimiento de izquierda en uno de los estados históricamente más conservadores del país. Un movimiento que durante años fue considerado marginal y que hoy demuestra capacidad de convocatoria, estructura territorial y, sobre todo, disposición para cerrar filas cuando los objetivos comunes así lo requieren.
La imagen es poderosa: Plaza Fundadores repleta. Frente a la iglesia más representativa de Querétaro y a los pies de la histórica Cruz, ciudadanos progresistas y liberales mostraron que tienen músculo político y que están dispuestos a disputar el futuro del estado.
Todo esto ocurría mientras, horas después, el gobernador Mauricio Kuri anunciaba la salida de Rogelio Vega Vázquez Mellado, a quien describió como amigo y hermano. Sin embargo, en política las formas suelen decir tanto como las palabras. Mientras el gobernador le dedicaba elogios y le deseaba éxito en la nueva etapa que emprenderá, Rogelio Vega jamás sonrió. No agradeció públicamente las expresiones de afecto, no mostró entusiasmo y mantuvo un gesto serio durante un momento que, en circunstancias normales, habría sido motivo de celebración.
Por supuesto, nadie puede afirmar con certeza qué ocurre detrás de las puertas cerradas del poder. Pero las imágenes dejaron una lectura inevitable: la de una salida incómoda. La de alguien que no parecía estar despidiéndose en los términos que hubiera deseado. Si en Plaza Fundadores la fotografía fue de unidad y cierre de filas, en el anuncio de Gobierno del Estado la imagen pareció transmitir algo distinto: la posibilidad de una fractura o, al menos, de diferencias que ya no pudieron ocultarse.
Porque en política las despedidas también hablan. Y a veces dicen más que los discursos.
Porque nadie da un paso sin huarache.
Resulta evidente que el panismo también se está preparando para la madre de todas las batallas electorales en Querétaro. Faltan poco más de doce meses para la elección del próximo gobierno estatal y las piezas comienzan a moverse. Algunas de ellas ya son visibles. Otras apenas se intuyen.
La controversia generada en torno a la Ley de Identidad de Género parece formar parte de esa disputa por la definición ideológica del estado. El tema dividió opiniones, activó emociones y colocó en el centro del debate dos visiones distintas de sociedad. Una confrontación que difícilmente quedará ahí.
Lo que viene después es terreno desconocido.
Querétaro podría encaminarse hacia una contienda donde, más que partidos, choquen proyectos culturales y políticos profundamente distintos. Conservadores y liberales disputando no sólo el poder, sino la definición misma del rumbo del estado.
Y si algo quedó claro en Plaza Fundadores es que una parte importante de la sociedad queretana ya decidió que quiere participar en esa discusión.
No sería la primera vez que Querétaro se convierte en el escenario donde se enfrentan dos visiones de país. Aquí se escribió uno de los capítulos más trascendentes de la historia nacional cuando el proyecto conservador del Segundo Imperio encontró su final y la República liberal consolidó su triunfo.
Guardando todas las proporciones históricas, el estado parece encaminarse nuevamente hacia una disputa de ideas, de principios y de modelos de sociedad. Una batalla que ya comenzó a dibujarse en las plazas, en los congresos, en las redes sociales y en las calles.
La pregunta ya no es si habrá contienda.
La pregunta es qué tan profunda será.
Porque si algo demostró el domingo es que en Querétaro, sí hay tiro.





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