Libertad de expresión: inclusión en el discurso, exclusión en los hechos
La libertad de expresión no solamente se mide por las voces que hablan. También por las voces que son excluidas.
Por eso me llamó la atención la ceremonia convocada por el Gobierno del Estado para conmemorar el Día de la Libertad de Expresión. Un acto que, por su naturaleza, debería representar la pluralidad de quienes construyen el debate público en Querétaro, pero que terminó dejando preguntas difíciles de ignorar.
La primera fue evidente desde el inicio: en el presídium no habia una mujer representante del gremio de la comunicación.
La ausencia resulta significativa porque no ocurre en un contexto cualquiera. Durante los últimos meses se han generado cuestionamientos sobre la escasa presencia de mujeres en eventos políticos y oficiales. Y la frase que detonó todo un movimiento en la comunicación en el estado «Las mujeres si importan»
Se ha hablado de inclusión, igualdad y apertura a contratos con gobierno. Sin embargo, cuando llegó el momento de reconocer a quienes ejercen la libertad de expresión, las mujeres comunicadoras volvieron a quedar fuera de la fotografía principal.
Y resulta inevitable preguntarse por qué.
En Querétaro existen mujeres con una trayectoria periodística y en la comunicación sólida, respetada y ampliamente reconocida. Mujeres que han informado, investigado, cuestionado y contribuido al desarrollo de la vida pública del estado. Su ausencia no puede explicarse por falta de méritos.
Pero las omisiones no terminaron ahí.
Durante la ceremonia se rindió homenaje a Sergio Arturo Venegas Ramírez y se destacó su aportación al periodismo queretano. Sin embargo,ni su esposa, ni su madre, ni sus hijas ni sus nietos fueron mencionados durante el reconocimiento. Quedaron ausentes precisamente quienes hoy representan la continuidad más cercana de su legado personal y familiar.
Cuando se honra la memoria de una persona, el reconocimiento no debería limitarse a su trayectoria profesional. También debería existir sensibilidad para reconocer a quienes compartieron su vida y conservan su memoria. Por ello resulta difícil comprender que, en un homenaje de esta naturaleza, ni siquiera se haya hecho referencia a su familia más cercana.
Existe además otro elemento que merece reflexión.
Los representantes de medios que ocuparon los espacios centrales pertenecen a empresas de comunicación consolidadas y con una importante relación institucional con el gobierno estatal a través de la publicidad oficial. No hay nada indebido en ello. Sin embargo, es legítimo preguntar cuáles fueron los criterios para definir quiénes representarían a la libertad de expresión en esta conmemoración.
¿Se privilegió la pluralidad de voces? ¿La diversidad de medios? ¿La representación de quienes ejercen hoy el periodismo desde plataformas digitales, medios independientes o espacios alternativos? ¿O seguimos observando una visión donde el reconocimiento público se concentra en los mismos actores de siempre?
Quizá ahí se encuentra la verdadera discusión.
Porque las ausencias también comunican.
Comunican cuando las mujeres periodistas no están presentes. Comunican cuando los medios independientes no tienen espacio. Comunican cuando la familia de un homenajeado ni siquiera es mencionada. Comunican cuando la representación de la libertad de expresión parece limitarse a quienes históricamente han ocupado posiciones cercanas al poder institucional.
La inclusión no se demuestra en los discursos. Se demuestra en las decisiones. En quién es invitado, en quién es reconocido y en quién tiene un lugar en la conversación pública.
Y mientras las mismas ausencias continúen repitiéndose, la pregunta seguirá vigente: ¿estamos celebrando la libertad de expresión en toda su diversidad o solamente a una parte de ella?
Porque al final, en una ceremonia dedicada a la palabra, las ausencias y la exclusión también habla.





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