Animales de compañía: de mascotas a seres sintientes, el nuevo reto de la legislación en México

La reciente aprobación de reformas en materia de bienestar animal abre una nueva etapa en la protección de los animales de compañía y plantea desafíos para gobiernos y ciudadanos. En Querétaro, especialistas advierten que el siguiente paso debe ser garantizar que las leyes existentes realmente se cumplan.

Los animales de compañía ocupan un lugar cada vez más importante dentro de las familias mexicanas. Perros, gatos y otros animales dejaron de ser considerados únicamente como guardianes de una casa o compañía ocasional y hoy forman parte de la vida cotidiana de millones de personas.

Esta transformación social también ha comenzado a reflejarse en la legislación mexicana. La reciente aprobación de reformas federales en materia de bienestar animal representa, de acuerdo con el análisis del abogado Jorge Patrón, un cambio relevante al reconocer a los animales como seres sintientes y establecer mayores responsabilidades para quienes los tienen bajo su cuidado.

Durante una conversación sobre el tema, Patrón destacó que la relación entre seres humanos y animales ha cambiado considerablemente, particularmente entre las nuevas generaciones, que muestran una mayor sensibilidad frente al maltrato, abandono y sufrimiento animal.

“Son seres sintientes”, señaló al referirse al vínculo que existe entre las personas y sus animales de compañía. Esa condición implica reconocer que los animales pueden experimentar dolor, miedo, estrés y apego, por lo que su bienestar no debe limitarse a proporcionarles alimento y agua.

Una relación que cambió

Para muchas familias, la convivencia con animales comienza desde la infancia y se convierte en un vínculo que permanece durante años. La muerte de un perro o un gato puede generar procesos de duelo comparables, para sus propietarios, con la pérdida de otro integrante de la familia.

Durante la conversación, Patrón compartió experiencias personales con animales que han formado parte de su familia, incluidos perros rescatados de la calle. Una de ellas fue una perrita encontrada en una carretera, en condiciones de abandono y expuesta a ser atropellada.

Después de varios intentos para rescatarla, el animal finalmente fue llevado a revisión veterinaria y terminó incorporándose a la familia. Años después, continúa viviendo con ellos.

Historias como ésta ilustran uno de los fenómenos que también ha cobrado fuerza: el rescate y la adopción de animales sin hogar.

Ya no se trata únicamente de adquirir animales de determinadas razas. Cada vez más personas optan por adoptar a perros y gatos que fueron abandonados, rescatados de la calle o víctimas de maltrato.

El bienestar va más allá de alimento y techo

Uno de los cambios más relevantes en la concepción actual del bienestar animal es que éste no se limita a garantizar la supervivencia.

El cuidado debe contemplar las condiciones físicas y también el bienestar emocional y mental de los animales. El espacio donde viven, el trato que reciben, la posibilidad de realizar actividad física y la convivencia con sus propietarios forman parte de una responsabilidad más amplia.

Un ejemplo son los efectos que tienen los juegos pirotécnicos sobre perros y otros animales. Los estruendos pueden provocarles miedo, ansiedad y alteraciones importantes en su comportamiento, por lo que muchas familias han comenzado a tomar medidas para protegerlos durante celebraciones.

Esta nueva perspectiva también obliga a cuestionar prácticas que durante años fueron consideradas normales, como mantener permanentemente a un perro en condiciones inadecuadas, sin atención veterinaria, sin ejercicio o expuesto a temperaturas extremas.

El abandono, uno de los principales problemas

El abandono continúa siendo uno de los grandes desafíos para el bienestar animal.

Perros que aparecen en carreteras, colonias o espacios públicos, animales que son dejados deliberadamente en lugares alejados y mascotas que simplemente dejan de ser atendidas forman parte de una problemática que requiere responsabilidad social y acciones institucionales.

Para Patrón, la ciudadanía también tiene un papel fundamental. La protección animal no puede depender exclusivamente de las autoridades.

Si una persona observa un animal en condiciones de abandono o maltrato, debe buscar mecanismos para reportar la situación y, cuando sea posible, brindar ayuda.

La sensibilidad hacia los animales, sostuvo, puede convertirse también en una expresión de solidaridad hacia otros sectores vulnerables de la sociedad.

El registro y la propiedad de los animales

Otro de los aspectos que adquiere relevancia con el nuevo marco de protección animal es la identificación y registro de los animales de compañía.

Contar con mecanismos que permitan acreditar quién es responsable de un animal puede resultar especialmente importante en casos de extravío, robo, abandono o conflictos entre particulares.

La discusión también alcanza situaciones familiares como una separación o divorcio. ¿Quién se queda con el perro o el gato? ¿Qué ocurre cuando existe una disputa por un animal de compañía?

Aunque existen antecedentes jurídicos y criterios judiciales relacionados con estos casos, el tema todavía requiere mayor precisión normativa.

Querétaro, ante el reto de aplicar la legislación

En Querétaro existe legislación en materia de protección y bienestar animal, pero uno de los principales cuestionamientos planteados durante la conversación fue la distancia que puede existir entre una ley y su aplicación efectiva.

Patrón consideró que el siguiente paso debe ser fortalecer las disposiciones locales y establecer responsabilidades claras para las autoridades encargadas de garantizar el bienestar animal.

El reto, dijo, no consiste únicamente en crear leyes, sino en asegurar que existan instituciones capaces de aplicarlas, mecanismos de denuncia, seguimiento de los casos y sanciones cuando corresponda.

También cuestionó que en ocasiones algunos funcionarios utilicen a los animales únicamente como parte de su imagen pública, sin que exista un compromiso real con su cuidado.

Casos de maltrato ponen a prueba a las instituciones

La conversación también abordó casos registrados en Querétaro que han generado indignación entre organizaciones y ciudadanos.

Entre ellos se mencionó el caso de un hombre señalado por hacerse pasar por veterinario y que presuntamente habría causado la muerte de diversos animales bajo su cuidado, situación que ya habría sido denunciada ante las autoridades.

Más allá de las responsabilidades penales que puedan determinarse, estos casos evidencian la importancia de contar con mecanismos eficientes de supervisión y denuncia.

El mensaje central es que el maltrato animal no debe normalizarse ni permanecer impune.

De “mascotas” a animales de compañía

La propia forma de referirse a estos seres también está cambiando.

Durante la conversación se planteó que el término “mascota” puede resultar insuficiente frente a la nueva realidad social y jurídica, pues los animales de compañía ya no son vistos simplemente como objetos de propiedad.

Son seres vivos con capacidad de sentir y establecer vínculos con las personas.

Ese cambio cultural es precisamente el que comienza a reflejarse en las leyes: reconocer que quien decide incorporar un animal a su hogar adquiere también una responsabilidad permanente sobre su bienestar.

El desafío: que la ley tenga “dientes”

La aprobación de nuevas disposiciones federales representa un avance, pero la verdadera prueba estará en su aplicación.

Para los especialistas, el reto será lograr que las normas no se queden en el papel y que existan consecuencias para quienes maltraten o abandonen animales, pero también mecanismos que obliguen a las autoridades a cumplir con sus responsabilidades.

La sociedad mexicana ha cambiado su relación con los animales. Los perros y gatos que antes permanecían en patios o azoteas hoy duermen dentro de las casas, acompañan a las familias, participan de sus rutinas y son considerados integrantes del hogar.

La legislación comienza a reconocer esa transformación.

El siguiente paso será conseguir que esa sensibilidad social se traduzca en instituciones eficientes, autoridades comprometidas y una cultura de responsabilidad que permita garantizar que los animales de compañía reciban no solamente alimento y refugio, sino una vida digna, libre de maltrato y abandono.

Entrevista completa en:

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