Arte en un disparo: Alicia Romo y la fotografía como lenguaje del alma

Alicia Romo-Fotógrafa, Escritora

La fotografía es un arte que todos admiramos, pero pocos comprenden a profundidad. En un mundo saturado de selfies, retratos casuales y capturas instantáneas, hay imágenes que nos detienen. Fotos que nos obligan a mirar dos veces, que nos conmueven sin palabras y nos invitan a sentir. Es ahí donde empieza el verdadero arte. Y es ahí donde aparece Alicia Romo.

El pasado viernes, en una exposición , Alicia dejó al público sin aliento con su obra visual. Sin efectos grandilocuentes ni equipos excesivos, sus imágenes nos hablan desde un lugar que no puede fingirse: la emoción genuina. Con más de 25 años de experiencia en el fotoperiodismo y la fotografía artística, Alicia no presume de técnica, sino de sensibilidad. “No tengo un súper equipo, pero tengo grandes amigos, cuartos oscuros compartidos y mucha observación”, confiesa con humildad.

Alicia Romo se describe como una fotógrafa experimental. Su formación en Ciencias de la Comunicación en la UAM Xochimilco la marcó con un pensamiento crítico y una profunda vocación de análisis. “Cuando llegué a la universidad y vi que había más locos como yo que pensaban, analizaban y discutían todo, sentí que había encontrado mi tribu”, dice entre risas.

Pero su historia comienza mucho antes. Nacida en una familia donde el arte y el pensamiento eran parte de la sobremesa, creció escuchando debates entre tíos pintores y muralistas. Su madre, una lectora apasionada, y su abuela, una mujer estricta que enseñaba a reflexionar antes de juzgar, sembraron en Alicia la semilla de la observación.

“Mi abuela nunca levantó la voz, pero te hacía llegar por ti misma a la conclusión de por qué algo estaba mal”, recuerda. Un ejercicio intelectual que más adelante se transformaría en la manera única de mirar el mundo a través de su lente.

Su primera cámara fue una Kodak de rollo. Doce fotos que había que cuidar como si fueran oro. “Yo le tomé una foto a un grillo”, cuenta riendo. “Mi hermano me regañó, me decía que no me gastara las fotos en eso. Pero ya la había tomado.” Ese ojo curioso, capaz de buscar lo inesperado, aún define su obra.

En sus años universitarios, la cámara Olympus Pen fue su compañera, hasta que su madrina le regaló su primera réflex. En el cuarto oscuro de la UAM se convirtió en alquimista, viendo cómo la imagen aparecía en el papel bajo la luz roja. “Ahí me enamoré de la fotografía para siempre”, afirma.

El salto a lo digital no fue fácil. “Soy muy kinestésica. Me cuesta estar sentada frente a una computadora durante horas”, admite. Pero con el apoyo de colegas y mentores, aprendió a editar en Lightroom y adaptar sus emociones al nuevo formato. Aun así, conserva sus viejas cámaras como trofeos de guerra.

Y fue precisamente ese espíritu inquieto el que la llevó a África. No fue planeado. Un anuncio en redes sociales —una de esas casualidades que parecen destino— le ofreció un viaje fotográfico a Namibia. A sus 60 años, y tras la introspección que trajo la pandemia, Alicia decidió no postergar más su sueño infantil. “¿De qué me arrepentiría si muriera mañana? De no haber ido a África.”

Namibia se convirtió en un lienzo de historias, colores y silencios. Su cámara captó más que paisajes: captó almas. “No pedí que nadie se vistiera para mí. Así visten. Así viven. Y en esa naturalidad hay una fuerza brutal”, explica. En sus imágenes se funden los contrastes: el rojo intenso de un vestido tradicional contra una piel oscura y el fondo árido del desierto; un elefante que cruza la sabana como un espíritu milenario; la mirada de una mujer himba que cuenta más que mil palabras.

“Para mí, lo importante no es la técnica, ni la lente, ni el equipo. Es lo que ves. Es cómo lo ves. Y lo que eso te hace sentir”, resume Alicia. Su mirada se posa en los “microcosmos” de la existencia, como ella los llama: los pequeños detalles que revelan mundos enteros. Lo hace también en su escritura, otra faceta que cultiva con igual intensidad.

En sus palabras y en su obra, Alicia Romo nos recuerda que el arte no necesita permiso ni perfección. Solo necesita honestidad. Y un corazón dispuesto a mirar.

 

Para conocer más de la obra de Alicia Romo, seguirla en redes o adquirir alguna de sus fotografías en:

Instagram: aliciaromoescritora

 

Video completo en: 

 

 

 

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