Del partido de la democracia al partido del agandalle: el PAN en Querétaro
9:35 de la mañana. En plena rueda de prensa, el gobernador Mauricio Kuri respondía sobre la restructura del PAN a nivel nacional. Aseguró que era urgente regresar a los orígenes, cuando Acción Nacional se presentaba como “el partido de la democracia”, nacido desde la ciudadanía y como contrapeso opositor. El chiste se cuenta solo: apenas un par de horas después, en el Congreso de Querétaro, sus diputados protagonizaron uno de los actos más antidemocráticos que se recuerden en el recinto legislativo.
La votación para elegir la nueva mesa directiva inició con normalidad: dos planillas en la boleta, una favorecía al PAN, la otra a Morena. El procedimiento parecía sencillo. Pero cuando tocó votar a la diputada del PVEM, Perla Patricia Flores, la democracia entró en suspenso. Durante casi cinco minutos se quedó indecisa frente a la urna, hasta pedir ser la última en votar. La presión en el recinto aumentó, el presidente de la mesa decretó un receso “de unos minutos” que se convirtió en más de 40, sin justificación. Para colmo, las cámaras del Congreso dejaron de transmitir: la ciudadanía quedó a ciegas.
Al reanudarse la votación, a cargo del Vicepresidente Ulises de la Rosa y al ver que la planilla panista no tenía ventaja, ocurrió lo impensable: se activó la alarma de emergencia. No había incendio ni violencia, solo la treta burda de frenar un proceso legislativo. Diputadas como Andrea Tovar advirtieron que encender la alarma sin motivo es un delito. Pero la farsa no paró ahí: en medio de empujones y gritos, el diputado Guillermo Vega tomó la urna y la desapareció. Más tarde, Enrique Correa arrancó las boletas de la mano de Ulises de la Rosa y salió huyendo como alumno de secundaria que roba el lonche en el recreo.
La sesión se convirtió en un espectáculo vergonzoso, con jaloneos, gritos y maniobras propias de una cancha de futbol llanero. Al final, los diputados de la 4T lograron firmar un acta con 13 votos que daba la presidencia a Gina Guzmán. Mientras tanto, las cámaras —casualmente— ya ni siquiera estaban instaladas.
Horas después, en rueda de prensa, los panistas intentaron justificar lo injustificable: no “robaron” la urna ni las boletas, las “resguardaron”. ¿Resguardar? La democracia no se resguarda a manotazos ni a escondidas, se garantiza con reglas claras y con transparencia frente a la ciudadanía.
La pregunta es inevitable: ¿dónde está el partido democrático que añora Kuri? Porque lo que vimos fue a un PAN desesperado por no perder el control, dispuesto a torcer procedimientos, apagar cámaras y activar alarmas para detener un proceso legítimo.
El PAN de Querétaro no defendió la democracia: la secuestró. Y en esa escena grotesca quedó claro que perdió la brújula.




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