Educación con perspectiva de género, una deuda pendiente que impacta desde la infancia hasta la vida profesional
Maricruz Ocampo Activista en entrevista con David Smeke
En el marco del mes de la mujer, especialistas y actores del ámbito educativo coinciden en una reflexión urgente: la igualdad de género no debería limitarse a conmemoraciones, sino ser una práctica cotidiana, especialmente en el sistema educativo.
Durante una reciente conversación, la especialista Maricruz Ocampo subrayó que uno de los principales rezagos sociales se encuentra en la forma en que se educa a niñas y niños desde edades tempranas. “La educación sigue siendo tradicional, con pocos avances en igualdad. Desde el uniforme escolar hasta la participación en clase, se reproducen estereotipos que condicionan el desarrollo de las niñas”, explicó.
Ejemplos cotidianos evidencian estas desigualdades: niñas obligadas a usar falda en invierno, limitaciones para jugar libremente o normas de conducta que refuerzan la pasividad. Paralelamente, a los niños se les impulsa hacia conductas agresivas o se les encasilla en roles de fortaleza, perpetuando esquemas rígidos de género.
Estas prácticas, advierten, no solo afectan la infancia, sino que se extienden a la elección de carreras profesionales. Áreas como ingeniería, tecnología o matemáticas continúan siendo percibidas como “masculinas”, lo que desincentiva la participación femenina. “A las niñas se les orienta hacia profesiones ‘suaves’, mientras que a los hombres se les aleja de ámbitos como la educación básica, también por prejuicios”, señaló Ocampo.
El impacto de esta formación desigual se refleja en la vida adulta: menor presencia de mujeres en puestos directivos, exigencias académicas más altas para ellas y brechas salariales persistentes. Incluso, se destaca que muchas mujeres deben demostrar mayores credenciales para acceder a oportunidades similares a las de sus pares masculinos.
Ante este panorama, la incorporación de la perspectiva de género en la educación se presenta como una herramienta clave. Esta metodología permite identificar cómo normas, políticas y prácticas afectan de manera diferenciada a hombres y mujeres, visibilizando desigualdades y proponiendo soluciones.
En este contexto, surge en Querétaro la Universidad de las Mujeres, un proyecto educativo que busca ofrecer condiciones equitativas y seguras para el desarrollo académico femenino. Con programas que incluyen capacitación docente en perspectiva de género, protocolos contra la violencia, apoyo tecnológico, ludotecas y modalidades flexibles, la institución reporta niveles de deserción notablemente bajos, entre el 3% y 5%.
Además, el modelo ha comenzado a expandirse a otras regiones del país, permitiendo el acceso a mujeres de distintos estados mediante educación en línea. “Es una respuesta a una necesidad real: muchas mujeres no pueden estudiar por falta de tiempo, recursos o condiciones seguras”, explicó Ocampo.
Especialistas coinciden en que la transformación educativa requiere un esfuerzo conjunto: autoridades, docentes, familias y sociedad deben replantear los modelos actuales. “Cuando las mujeres están bien, la sociedad en su conjunto mejora”, concluyó.
La discusión sigue abierta, pero el consenso es claro: educar para la igualdad no es una opción, sino una necesidad urgente para construir una sociedad más justa.
Contacto universidad de las mujeres:
44-63-33-67-78
entrevista completa en:





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