El Batán: El Proyecto Hídrico que Despertó a Querétaro
Ulises Gomez de la Rosa-Diputado Local
Lo que parecía ser un trámite legislativo rutinario se ha convertido en uno de los debates públicos más intensos en la historia reciente del estado: el proyecto hídrico de El Batán ha sacudido a la ciudadanía, generado cuestionamientos técnicos, financieros y sociales, y encendido una batalla política que va más allá del suministro de agua.
Un debate que desbordó al gobierno
“Yo creo que no habían calculado ni el gobierno ni los legisladores la magnitud de la reacción ciudadana”, expresó el conductor David Smeke al abrir una conversación reveladora con el diputado Ulises de la Rosa. La entrevista, transmitida en su espacio informativo, puso sobre la mesa la inconformidad social que ha crecido alrededor del proyecto.
Desde el inicio, según relatán, hubo una notoria falta de transparencia: los diputados recibieron información crítica del proyecto con apenas ocho días de anticipación, sin tiempo suficiente para analizarla ni consultarla con la ciudadanía.
Más grave aún fue el intento de limitar la participación pública: el pasado viernes, ciudadanos fueron impedidos de ingresar al recinto legislativo, conocido como “la Casa del Pueblo”. A pesar de ello, se realizó un foro con participación de científicos, expertos financieros y ciudadanos informados, aunque sin presencia de los legisladores del PAN ni personal técnico que apoyara el evento. “Tuvimos que llevar nuestras propias bocinas”, dijo Ulises de la Rosa.
La realidad detrás del «foro cancelado»
Aunque oficialmente se dijo que el foro no se celebró, los testimonios indican lo contrario: el evento se realizó y hubo un debate legítimo. «No éramos hologramas», ironizó el diputado. Lo que realmente sucedió, afirman, fue una negativa política para reconocer una expresión ciudadana que cuestiona abiertamente el proyecto.
Tres dimensiones del conflicto: dinero, tecnología y confianza social
El proyecto de El Batán implica una inversión inicial de 11,500 millones de pesos, con una proyección a largo plazo que podría alcanzar 41 mil millones, según lo discutido en la entrevista. ¿Por qué tanta inversión? ¿Y por qué a través de un esquema de Asociación Público-Privada (APP)?
La inquietud crece al considerar que en un principio se habló de una inversión de apenas 4,200 millones de pesos, avalada por el entonces presidente López Obrador. No hay claridad sobre cómo se triplicó el presupuesto, ni se han revelado detalles precisos sobre el desglose financiero.
Además, el modelo de contrato presentado al Congreso es solo una plantilla general: “no es un contrato real porque aún no hay licitación ni proveedor asignado”, explicó De la Rosa. Las dudas se multiplican ante la falta de una corrida financiera detallada y garantías mínimas de costo-beneficio.
¿Agua potable o riesgo sanitario?
En lo técnico, el proyecto plantea un riesgo mayor: no existe actualmente un diseño completo de la planta potabilizadora que sería el punto final del sistema. “Solo tenemos la ingeniería básica de las plantas tratadoras, pero no de la potabilizadora”, confirmó el legislador.
La Comisión Nacional del Agua (Conagua), lejos de haber aprobado el proyecto, ha expresado dudas similares. Exige procesos rigurosos como ósmosis inversa, rayos ultravioleta, carbón activado y membranas especializadas para garantizar que el agua pueda ser consumida sin riesgo. Nada de esto está detallado en el plan actual.
¿Por qué tanta prisa?
Uno de los puntos más críticos del debate es la velocidad con la que el gobierno de Mauricio Kuri ha impulsado el proyecto. “No hay un diagnóstico que justifique esta urgencia”, cuestionó Estrada. A esto se suma que la crisis hídrica se presenta como un argumento, aunque actualmente, según datos oficiales, el 98% de la población tiene acceso al agua.
Además, el sistema pierde cerca del 50% del agua por fugas, lo cual podría atacarse antes de recurrir a un megaproyecto costoso y técnicamente cuestionable.
El factor social: el temor de la ciudadanía
Más allá de lo técnico y lo financiero, hay un factor humano que no se puede ignorar: el miedo. “Lo que la gente siente es que les van a dar agua del drenaje”, dijo el periodista. Ese temor no es infundado si no existen garantías claras de potabilidad y control de residuos industriales o médicos.
La ciudadanía, que en principio fue excluida del proceso, exige ahora información clara y participación real. La propuesta de consulta ciudadana, que incluso fue respaldada indirectamente por la presidenta electa Claudia Sheinbaum, se perfila como un punto de inflexión.
Un proceso que apenas comienza
El diputado fue claro: “no se ha fijado una fecha para la votación en el Congreso local”. Lo que sí pidió es que se replantee el proceso, se abra la discusión en universidades y asociaciones técnicas, y que Conagua juegue un papel central en la evaluación del proyecto.
“Yo no doy por muerto el proyecto”, dijo, “pero sí creo que debe rehacerse desde la base, con transparencia y participación social”.
Santa Rosa Jáuregui: otra demanda social que avanza
Al cierre de la entrevista, Ulises de la Rosa habló sobre otra lucha ciudadana: la municipalización de Santa Rosa Jáuregui, una comunidad históricamente marginada que hoy exige autogestión. “No es un asunto de partidos, es un asunto de dignidad”, dijo. En un paralelismo claro con El Batán, la falta de atención del gobierno ha llevado a los mismos ciudadanos a tapar baches y organizarse para tener los servicios básicos que el Estado les niega.
Conclusión
El caso de El Batán no es solo una discusión sobre agua. Es una disputa por la transparencia, la participación ciudadana y la toma de decisiones que afectan directamente la vida de miles de queretanos. La ciudadanía ha despertado, y ahora exige ser escuchada, informada y respetada.
El futuro del proyecto está en entredicho. Lo que es seguro es que Querétaro ha entrado en una nueva etapa de conciencia cívica. Y esta vez, la discusión no se cerrará en un escritorio.
Entrevista completa en :





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