El periodismo decide aprender: una lección incómoda para Querétaro
Hay momentos que marcan un antes y un después. No por el discurso oficial, no por la foto institucional, sino por lo que implica reconocer lo que no sabemos.
Lo que ocurrió en Querétaro con el “Curso de Comunicación con Perspectiva de Género” impulsado por la Secretaría de las Mujeres, encabezada por Sonia Rocha Acosta, en coordinación con la Universidad Autónoma de Querétaro, no es un evento más. Es, sin exagerar, un hecho inédito en el país.
Veinticinco periodistas y reporteros —sí, periodistas— aceptamos algo que en este gremio suele evitarse: que no lo sabemos todo. Que la perspectiva de género no es un accesorio discursivo, sino una deuda histórica en la forma en que comunicamos.
Y eso, en un medio acostumbrado a señalar, pero no a revisarse, es profundamente disruptivo.
Lo digo también en lo personal. Antes de que este proyecto se materializara, yo ya había puesto el tema sobre la mesa. Le planteé directamente a la Secretaria cómo la violencia digital estaba afectando mis entrevistas con mujeres políticas, cómo el ataque sistemático en redes no encontraba contención, y cómo desde los propios medios muchas veces se ignoraba.
Lo dije en distintos espacios. Lo propuse a otros actores. La respuesta fue, en el mejor de los casos, silencio.
Pero aquí hay que decirlo con claridad: quien sí decidió actuar fue Sonia Rocha. No con discursos, sino con una acción concreta, articulando esfuerzos con la Universidad Autónoma de Querétaro y apostando por algo que pocos se atreven a impulsar: que los periodistas se formen.
Y eso cambia todo.
Porque este curso tenía un gran fundamento. Y quedó enmarcado por el episodio vergonzoso, donde tres comunicadores, desde la comodidad de un streaming, afirmaron que si las mujeres periodistas no eran invitadas a eventos, era porque “no importaban”.
La reacción social fue inmediata. El reclamo llegó hasta el gobernador, quien habló de “cero tolerancia”. Pero hay silencios que también pesan.
Particularmente el de la Organización Editorial Mexicana, que contando con una editora de género a nivel nacional, decidió no fijar postura. Y ese silencio, en un contexto como este, también comunica. Y también lastima.
Por eso lo ocurrido con este curso tiene una dimensión mayor.
No es solo la capacitación de 16 horas. No es solo el esfuerzo de quienes dedicamos nuestros sábados. Es el inicio de una conversación que el periodismo queretano había postergado demasiado tiempo.
Como bien lo expresó Sonia Rocha durante la clausura: comunicar no es solamente informar, también es construir realidades. Y esa frase, que podría parecer retórica, cobra sentido cuando se entiende que el 75% de las mujeres en México ha vivido algún tipo de violencia.
¿Cómo seguimos informando ignorando ese dato?
La rectora de la UAQ, Silvia Amaya Llano, lo dijo con precisión: la universidad debe ser espacio de diálogo, crítica y transformación. Y en esta ocasión, lo fue.
Aquí no hubo simulación. Hubo incomodidad. Hubo aprendizaje. Hubo cuestionamiento.
Y eso vale más que cualquier boletín.
Estoy convencido de que los que estuvimos ahí somos apenas una primera generación. Una semilla. Pequeña, sí. Insuficiente, también. Pero necesaria.
Lo que sigue es más complejo: que directores de medios, tomadores de decisiones y líderes de opinión se atrevan a pasar por el mismo proceso.
Porque el verdadero cambio no vendrá de quienes ya entendimos que tenemos que aprender, sino de quienes aún creen que no lo necesitan.
Querétaro dio un paso que podría convertirse en referente nacional.
Pero no nos engañemos: esto apenas empieza.
Y el periodismo, si de verdad quiere seguir siendo relevante, tendrá que hacer algo que históricamente le ha costado: mirarse al espejo.




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