La crisis del periodismo: del colapso del modelo tradicional al desafío de la atención digital

En el contexto del 15º aniversario de La Silla Rota, destacados periodistas mexicanos —René Delgado, Raymundo Riva Palacio y Ricardo Raphael— coincidieron en un diagnóstico contundente: el periodismo no está muriendo, pero sí atraviesa una de las transformaciones estructurales más profundas de su historia. La revolución tecnológica, el colapso del modelo publicitario, la pérdida de profesionalización y la economía de la atención son factores que han reconfigurado el oficio y puesto a prueba a las redacciones.

El inicio del deterioro: insumos caros y publicidad en fuga

René Delgado subrayó que la crisis del periodismo comenzó antes del auge digital. El encarecimiento de materias primas como la tinta y el papel deterioró la rentabilidad de los medios impresos, a lo que se sumó un giro ambiental que volvió mal vistos los procesos de impresión.

Sin embargo, el golpe definitivo vino con la digitalización. Las bases de datos dejaron de ser exclusivas de los medios y anunciantes y comercios pudieron comunicarse directamente con sus clientes. “Las tradicionales baratas de verano desaparecieron del periódico”, señaló Delgado. Eso derivó en una caída de ingresos publicitarios que nunca ha podido revertirse.

Los recortes no tardaron en llegar: se redujeron redacciones, corresponsalías, sueldos y capacidades de especialización. “Se perdió la profesionalización que venía avanzando”, afirmó. El resultado: un oficio debilitado en el momento en que más se requería su fortaleza.

Riva Palacio: “La solución es volver a hacer periodismo”

Para Raymundo Riva Palacio, la crisis se agravó porque los medios reaccionaron tarde, con soberbia y falta de visión. El cambio digital “atropelló” a las grandes empresas periodísticas que subestimaron su impacto.

Su diagnóstico es directo: lo que hace falta es volver a la esencia del oficio. “Hemos dejado de informar; estamos metidos en la comunicación”, advirtió. El periodista sostuvo que gran parte de los contenidos actuales carecen de contexto, explicación y profundidad, reducidos a enunciados superficiales.

Riva Palacio propuso redefinir el rol de los medios según sus audiencias y plataformas. No se trata de renunciar al papel, sino de entender qué tipo de contenido requiere cada lector: breves alertas, notas contextuales o reportajes extensos. Y recordó que los ajustes financieros deben enfocarse en gastos administrativos, no en recortar reporteros. “Reducir costos no significa despedir periodistas”, enfatizó.

Citó el caso del New York Times, que tras una profunda crisis logró reconstruirse apostando por la inversión en talento, tecnología y nuevas narrativas. Hoy tiene 1,600 integrantes en su redacción global y más de 500 mil suscriptores digitales, un ejemplo de reinvención exitosa.

Ricardo Raphael: “Lo que está en crisis es el medio, no el periodismo”

Ricardo Raphael aportó una reflexión más amplia sobre los cambios en el ecosistema informativo. Recordó que, así como la aparición del tubo de pintura permitió el impresionismo, la irrupción tecnológica está transformando radicalmente el periodismo.

Pero la clave, dijo, es entender la economía de la atención, donde la información es abundante y la capacidad de captar interés es escasa y valiosa. “Es el quinto factor de producción”, explicó. En esta competencia, los medios y el periodismo se enfrentan a plataformas, influencers y actores políticos capaces de monopolizar la conversación pública mediante estrategias polarizantes y performáticas.

En este escenario, advirtió, el periodismo debe replantear su relación con las audiencias, especialmente con las generaciones más jóvenes. La construcción de lealtad será vital, pues la publicidad difícilmente regresará como fuente principal de financiamiento.

Un renacimiento posible

Los tres periodistas coinciden en que, pese al panorama adverso, el periodismo sigue siendo indispensable. La tecnología no ha matado al oficio, pero sí exige nuevas formas de ejercerlo. La supervivencia dependerá de reconstruir la profesionalización, entender los hábitos de consumo, fortalecer la investigación y reconectar con las audiencias.

El reto, como sintetizó Raphael, es aprender a “pintar en el nuevo lienzo” de la posmodernidad, sin renunciar al rigor, la ética y la esencia del oficio.

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