La Secretaría que no crea empleo y que heredó la corrupción de Conciliación y Arbitraje”

Plantearlo incomoda, pero es necesario:

Se le preguntó al Gobernador Mauricio Kuri su opinión, acerca de que los Diputados de Morena en la Legislatura buscan eliminar la Secretaría del Trabajo, a lo que el respondió:

¿Es en serio? No, la secretaria es muy necesaria.

¿tiene sentido mantener una Secretaría del Trabajo cuando no crea empleos y ya no imparte defensa laboral?

Aclaro de entrada: Liliana San Martín es una funcionaria profesional, cercana, con capacidad y disposición. El cuestionamiento no es personal. Es estructural. Es institucional. Es político.

Si evaluamos a la Secretaría del Trabajo en sus dos misiones centrales —impulsar el empleo y defender al trabajador—, el balance es, por decir lo menos, desolador.

Primero: la creación de fuentes de trabajo.

Quien hoy presume cifras, inversión y generación real de plazas es la Secretaría de Desarrollo Sustentable, encabezada por Marco del Prete. Ahí están los parques industriales, las empresas, el nearshoring, las expansiones, los anuncios de miles de empleos formales. Empleo estructural, no ferias con currículums.

La Secretaría del Trabajo, en contraste, no crea empleo: administra bolsas de trabajo, capacita, vincula, gestiona. Funciones útiles, sí. Pero profundamente burocráticas. La pregunta incómoda: ¿es necesaria ?

¿se necesita una Secretaría completa para hacer intermediación laboral que podría realizar un instituto técnico o una agencia de colocación moderna?

Segundo: la defensa del trabajador.

La verdadera transformación no vino de la Secretaría del Trabajo, sino de la reforma que creó los Juzgados Laborales y trasladó la justicia al Poder Judicial. Ahí sí hubo un parteaguas: procesos orales, tiempos más cortos, mayor equilibrio entre patrón y trabajador.

Lo que queda del viejo modelo —las Juntas de Conciliación y Arbitraje— es un cementerio de expedientes. Cerca de 9 mil casos pendientes. Años, décadas de rezago. Y, peor aún, prácticas que huelen a corrupción, negligencia y favoritismo.

Lo digo con conocimiento de causa. Mi propio juicio laboral en contra de una corrupta empresa de medios cumplirá diez años. Diez.

Pruebas que “desaparecieron”.

Testigos que nunca fueron realmente buscados.

Actuarios que jamás acudieron a los domicilios, pero asentaron en actas que sí lo hicieron.

Un denunciado “localizado” que casualmente negó ser quien es, aun viviendo en el domicilio correcto.

Pruebas admitidas fuera de tiempo para recomponer versiones en favor del patrón.

Un proceso sistemáticamente torcido para desgastar al trabajador.

Esa es la herencia que administra la Secretaría del Trabajo: un aparato moribundo que solo sobrevivirá hasta que se extingan los expedientes… y que, por cierto, parece no tener ninguna prisa en hacerlo.

Insisto: la secretaria Liliana San Martín me apoyó, dio seguimiento, mostró voluntad. Eso habla bien de ella. Pero también confirma el punto central: el problema no son las personas, es el diseño institucional.

Hoy el empleo lo genera la política económica.

La justicia laboral la imparte el Poder Judicial.

La conciliación real ocurre en tribunales.

Entonces la pregunta que debería incomodar al gobierno, al Congreso y a la ciudadanía es esta:

¿Para qué sirve una Secretaría del Trabajo cuando ya no crea empleos, ya no imparte justicia y solo administra los restos de un modelo fallido?

Tal vez no se trata de desaparecer personas.

Tal vez sí de desaparecer estructuras que ya no sirven.

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