Movimiento Ciudadano: la apuesta por regresar el poder a la ciudadanía en Querétaro
Armando Rivera Ex presidente Municipal de Qro en entrevista con David Smeke
Querétaro vive una transformación acelerada. Su crecimiento urbano, económico y poblacional ha traído consigo nuevos retos que hoy dominan la conversación pública: inseguridad, infraestructura insuficiente y una percepción creciente de distancia entre gobierno y ciudadanía. En este contexto, el discurso de los llamados “movimientos ciudadanos” vuelve a tomar fuerza como una alternativa política que busca romper con las estructuras tradicionales.
La idea no es nueva, pero sí renovada: que los liderazgos surjan directamente de la sociedad y no de una élite política. Una aspiración que, según coinciden voces locales, conecta con el sentir de muchos ciudadanos que han perdido confianza en los partidos tradicionales.
La memoria de un Querétaro distinto
Durante la conversación, surge inevitablemente la comparación entre el Querétaro actual y el de hace algunos años. Se evoca una ciudad donde la tranquilidad era parte de la vida cotidiana: caminar de madrugada, calles vigiladas, patrullas constantes y una sensación de seguridad que hoy parece lejana.
Sin embargo, más allá de la nostalgia, el análisis apunta a una constante: los problemas de fondo no han cambiado, solo han crecido. La inseguridad, la falta de servicios urbanos y la presión sobre la infraestructura siguen siendo los ejes principales, pero ahora amplificados por el crecimiento poblacional.
¿Falta de recursos o mala gestión?
Uno de los puntos más contundentes del diagnóstico es que el problema no radica en la falta de presupuesto. Por el contrario, el municipio ha visto un incremento significativo en sus recursos en las últimas décadas. La crítica se centra en su uso.
El señalamiento es claro: el gasto administrativo ha aumentado en detrimento de la inversión en obras públicas y servicios básicos. La creación de nuevas estructuras burocráticas, como más secretarías o delegaciones, es vista como una decisión que incrementa la nómina sin necesariamente mejorar la atención ciudadana.
Mientras tanto, en las colonias, las demandas siguen siendo las mismas: calles pavimentadas, alumbrado público, drenaje y seguridad.
La desconexión con la ciudadanía
Otro eje central del debate es la falta de escucha por parte de las autoridades. De acuerdo con lo expuesto, muchas de las grandes obras o proyectos recientes —como centros de espectáculos o desarrollos específicos— no responden a demandas directas de la población.
La pregunta que se plantea es simple pero contundente: ¿quién pidió estas obras?
Para quienes impulsan el enfoque ciudadano, gobernar debería partir de una premisa básica: escuchar y atender lo que la gente realmente necesita, no lo que desde el poder se considera prioritario.
Movimiento Ciudadano como alternativa
En este escenario, Movimiento Ciudadano se presenta como una opción distinta. Su propuesta se basa en no asumirse como una oposición tradicional, sino como una alternativa que analiza propuestas caso por caso, apoyando aquellas que beneficien a la sociedad sin importar su origen partidista.
Uno de sus elementos diferenciadores es la apertura a candidaturas ciudadanas. Por estatuto, al menos el 50% de sus postulaciones pueden ser ocupadas por personas sin militancia política, lo que busca ampliar la participación social en la toma de decisiones.
Jóvenes y nuevos liderazgos
Un fenómeno destacado es la participación de jóvenes dentro del movimiento. A diferencia de otras fuerzas políticas, donde la inclusión juvenil ha sido limitada o simbólica, aquí se plantea como un eje central.
La apuesta es clara: formar nuevos cuadros con preparación, visión y cercanía con la realidad social. La consigna es que la oportunidad llegará, pero debe encontrarlos listos.
Más allá de los partidos: el peso de los perfiles
Querétaro tiene una particularidad política: el voto suele inclinarse más por perfiles que por marcas partidistas. Esta característica abre la puerta a candidaturas competitivas fuera de las estructuras tradicionales.
Sin embargo, también implica un reto mayor: no basta con el discurso, se requieren resultados comprobables, experiencia y credibilidad.
El desafío hacia el futuro
De cara a los próximos procesos electorales, el panorama es incierto pero dinámado. La ciudadanía parece exigir algo más que promesas: capacidad real de ejecución, cercanía y honestidad.
El llamado final es a la participación activa. No solo en las urnas, sino en la vigilancia del proceso electoral y en la exigencia constante a quienes buscan gobernar.
Porque, como se plantea en esta nueva narrativa política, el cambio no depende únicamente de los partidos, sino de una ciudadanía dispuesta a involucrarse, cuestionar y decidir.
Entrevista completa en:




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