NUEVO PRESIDENTE DE LA LEGISLATURA: OPERAR EN MEDIO DEL FUEGO
Esta mañana la Legislatura no solo amaneció con nuevo Presidente de la Mesa Directiva, amaneció con una señal clara: en política, no gana quien tiene todo alineado… gana quien sabe operar en medio del desorden.
Sinuhé Piedragil llega a la presidencia no desde la comodidad, sino desde la complejidad.
Con acuerdos tejidos incluso con la oposición, logrando que hasta el PAN votara por él, en un movimiento que no es menor: es lectura política, es cálculo, es oficio.
Porque sí, hubo negociación.
La vicepresidencia para Juliana Hernández es parte de ese acuerdo.
Pero reducirlo a un “intercambio” es no entender lo que realmente pasó: se construyó una mayoría donde no la había.
Y eso, en una Legislatura fragmentada, es hacer política de verdad.
Ahora bien, las críticas no tardaron.
Se señaló que no toda su bancada votó con él, que hubo otra fórmula impulsada desde Morena y el PT, que existían diferencias internas.
¿Es eso una debilidad?
No necesariamente.
Es, en realidad, el escenario más complejo que puede enfrentar un operador político:
no solo construir acuerdos hacia afuera, sino administrar la diversidad hacia adentro.
Y en ese terreno, Piedragil no evade, enfrenta.
Reconoce las diferencias, dialoga con actores como Eric Silva y Claudia Gayou, y deja claro que no se trata de imposiciones, sino de procesos políticos vivos.
Porque si algo ha demostrado la historia, es que los movimientos no necesitan unanimidad para avanzar.
La Revolución Mexicana tuvo visiones enfrentadas; la Revolución Rusa nació desde la división.
Y aun así, transformaron estructuras de poder.
Hoy, más que una fractura, lo que vemos es una disputa interna que no cancela el proyecto, sino que lo tensiona.
Y en esa tensión, la capacidad de conducción es lo que define liderazgos.
Ahí está la primera prueba de fuego de Sinuhé Piedragil:
no llegar con unanimidad, sino construir en medio de diferencias.
Pero no es la única.
Apenas asume y ya enfrenta presión social directa.
Colectivos irrumpen, exigen, señalan incumplimientos en temas que no admiten más postergación: movilidad, despenalización del aborto, identidad de género.
El reclamo no fue menor. Fue frontal.
El activista Walter López encaró públicamente al panista Guillermo Vega, exigiendo cumplimiento de acuerdos.
Golpes en la puerta del pleno, exigencias de diálogo, y una pregunta implícita que ahora recae en la nueva presidencia:
¿habrá capacidad de respuesta o se repetirá la cerrazón?
Aquí es donde la política deja de ser discurso y se convierte en conducción.
Porque mientras el PAN presume unidad en espacios cerrados, la realidad está afuera, presionando, exigiendo, incomodando.
Y esa realidad ya alcanzó a la Mesa Directiva.
Para Piedragil, este no es un inicio terso.
Es un arranque en terreno minado.
Pero también es la oportunidad de demostrar de qué está hecho su liderazgo:
si será un administrador de inercias… o un conductor capaz de procesar conflicto y traducirlo en decisiones.
Incluso en el debate sobre la reforma judicial, donde persisten versiones encontradas sobre el origen de la iniciativa, el fondo vuelve a ser el mismo:
la política como disputa de narrativas.
Y en ese contexto, quien preside no solo ordena sesiones… ordena momentos.
Lo que viene no será sencillo.
Habrá presión interna, exigencia social y confrontación política.
Pero si algo dejó claro su llegada, es que Sinuhé Piedragil no necesita condiciones ideales para avanzar.
Sabe moverse en la tensión, construir en la diferencia y sostener acuerdos donde otros solo ven ruptura.
Y en la política real —no en la idealizada— eso no es menor.
Eso es poder.
En otros asuntos, quiero agradecer que, a partir de mi columna “Más dudas que justicia”, varias de las preguntas planteadas comenzaron a encontrar respuesta.
Me aseguran que la Ley Judicial aprobada corresponde a una propuesta de Morena y el PT, y que la iniciativa del Ejecutivo ni siquiera fue discutida. También que el retraso —de más de un año— se debió a intentos del PAN por modificar sustancialmente el proyecto original, lo que derivó en una diferencia importante entre el primer dictamen y el finalmente votado.
En cuanto a las reservas, la explicación es clara: no alcanzaron la mayoría calificada, a pesar de que Morena votó en bloque a favor de ellas.
La fuente de esta información es alguien a quien le tengo plena confianza y con amplio conocimiento en materia judicial, por lo que valoro y agradezco la claridad frente a las dudas que este proceso dejó.
Sin embargo, y fiel a mi oficio de cuestionar, estas respuestas abren nuevas interrogantes que no pueden ignorarse:
Si se trataba de una propuesta de Morena y el PT,
¿por qué cuatro diputados de Morena y la única diputada del PT votaron en contra?
Y más aún, ¿cómo se explica que el propio Ejecutivo haya publicado que la reforma aprobada es “una iniciativa del Ejecutivo, enriquecida por el Poder Judicial y los partidos políticos”?
Dos versiones sobre un mismo proceso.
Dos narrativas que no terminan de coincidir.
Perdonen, pero frente a eso, la conclusión sigue siendo inevitable:
aún hay más dudas… que justicia.
VIDEO DEL GOBERNADOR HABLA DE LA REFORMA AL PODER JUDICIAL:



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