Perspectiva de género, no basta contar mujeres, hay que cambiar el poder

Especialistas advierten que no puede haber buen periodismo mientras persistan los sesgos de género y la exclusión sistemática de voces femeninas en la agenda mediática.

La desvalorización de la palabra de las mujeres no es un fenómeno aislado ni anecdótico. Es una práctica arraigada que se reproduce a través de micromachismos, lenguaje sexista, mitos del amor romántico y narrativas mediáticas que perpetúan estereotipos de género bajo una aparente neutralidad.

Así lo señalaron especialistas en comunicación y perspectiva de género, quienes alertaron sobre lo que denominaron “la cultura del simulacro”: un discurso recurrente que sostiene que la igualdad ya se alcanzó y que las demandas feministas son exageradas. “Patriarcado de consentimiento no es igualdad”, subrayaron, al advertir que el número de mujeres en ciertos espacios no garantiza una transformación real de las relaciones de poder.

Durante el análisis, se cuestionó la falsa neutralidad de los medios de comunicación y su responsabilidad social. “No es solo contar cuántas mujeres aparecen en un periódico. La perspectiva de género exige revisar si se mantienen relaciones de desigualdad”, explicaron. De poco sirve —añadieron— que haya más presencia femenina si estas voces se limitan a secciones como belleza, cocina o salud, mientras los espacios de opinión especializada siguen dominados por hombres.

Uno de los ejemplos más provocadores expuestos fue la pregunta: “¿Matan los hombres?”. El auditorio suele reaccionar con sorpresa o risa, lo que evidencia hasta qué punto están naturalizados ciertos estereotipos. Sin embargo, cuando se recuerda que a las mujeres les tomó más de 130 años conquistar el derecho al voto, la reflexión cambia de tono. Mientras los derechos masculinos rara vez se cuestionan, los derechos de las mujeres siguen siendo objeto de debate y, en algunos contextos internacionales, incluso de retrocesos.

Se recordó que la primera mujer en encabezar un gobierno nacional fue Vigdís Finnbogadóttir en Islandia en 1980, un hecho que ocurrió hace apenas unas décadas en términos históricos. “Es un suspiro si lo comparamos con siglos de exclusión”, se enfatizó.

En el ámbito periodístico, el llamado fue claro: entrevistar más mujeres no es una concesión, sino una exigencia profesional. “No hay buen periodismo con machismo”, afirmaron. Se cuestionó la práctica habitual de recurrir a mujeres como vox populi para opiniones cotidianas, mientras los análisis especializados recaen mayoritariamente en hombres, lo que resta autoridad simbólica al conocimiento femenino.

La recomendación para los medios fue contundente: eliminar sesgos editoriales y colocar el micrófono donde corresponde, independientemente del género. Si se trata de una experta en derecho internacional o en cambio climático, debe ser entrevistada por su conocimiento, no desplazada por estereotipos.

Asimismo, se criticó la tendencia a presentar a las mujeres como un “colectivo” o una “minoría”, cuando en realidad representan más de la mitad de la población. Esta narrativa, señalaron, contribuye a su problematización constante y refuerza la idea de que sus demandas son sectoriales y no estructurales.

El mensaje final fue una invitación a la autocrítica profesional: revisar lo aprendido, cuestionar las ideas patriarcales normalizadas y ejercer el periodismo con responsabilidad social. “Respeto, respeto y respeto”, resumieron. Porque mientras persistan las miradas estereotipadas y la exclusión sistemática de voces femeninas, la calidad informativa seguirá incompleta.

 

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