QUE ES LA VIOLENCIA SOCIAL:
“La violencia se define jurídicamente desde dos ángulos distintos; en la teoría de las obligaciones, consiste en la coacción física o moral que una persona ejerce sobre otra, con el objeto de que ésta le otorgue su consentimiento para la celebración de un acto jurídico que, por su libre voluntad, no hubiera otorgado. Por otro lado, la violencia se entiende como la conducta de una persona (agresor), que atenta o ataca a otra u otras, en sus integridades físicas, psíquicas o ambas” (Chávez, M. F.2000)
La violencia es un fenómeno complejo, multidimensional y que obedece a factores psicológicos, biológicos, económicos, sociales y culturales. Los fenómenos que acompañan al comportamiento violento cruzan, constantemente, las fronteras entre individuo, familia, comunidad y sociedad. La categorización de la violencia es útil para su estudio y para el diseño e implementación de políticas destinadas a la prevención y el control de uno o varios tipos combinados de violencia.
El deporte es uno de los fenómenos más populares de nuestro tiempo. Es en él dónde se producen y expresan algunos de los grandes valores de la sociedad contemporánea. El mismo constituye un instrumento de desarrollo social, vinculado en forma inmediata al bienestar y la salud de la población, también a los valores de la auto superación, lealtad en la competencia, reconocimiento del mérito, la solidaridad, igualdad de oportunidades y lucha contra la discriminación.
En el campo deportivo se entiende la violencia como acciones efectuadas por un individuo o un conjunto de ellos, transgrediendo por la fuerza o por interpretación falsa de lo establecido o escrito en una ley o precepto, incluido en ello el comportamiento desleal, utilización ilícita de la fuerza, las trampas o violaciones de la reglamentación deportiva y todo aquello que, infringiendo el sentido de la norma, pretenda una obtención ilícita del triunfo.
La violencia deportiva se manifiesta de distintas formas y grados, dependiendo siempre de las circunstancias que rodean el acto deportivo y según la reglamentación, ya que en algunos casos, como el boxeo, el karate y el judo, entre otros; no sólo se permite la agresión física sino que también se le estimula y es condición necesaria para la obtención de la victoria, manteniendo siempre un límite de control a través de ciertas reglas que impiden que el enfrentamiento alcance una violencia desproporcionada.
Con el deporte ocurre como en cualquier otra situación en la que se producen enfrentamientos de intereses, los actos de violencia pueden estallar con mayor o menor frecuencia y con mayor o menor intensidad dependiendo de variados factores culturales como sociales. Siendo la violencia en el deporte un fenómeno social sumamente complejo, desde el punto de vista de las interacciones sociales y el comportamiento de las masas, pueden ser diversas y variadas las causas que la motivan y promueven. Puede decirse, en forma muy general, que al desplazarse el público en las competiciones deportivas dentro de unos límites de permisibilidad mucho más amplios, al motivársele para lograr motivación e identificación, así como al encontrarse en un juego en el que las tensiones entre grupos están a punto de explotar, nada tendría de raro que a menudo pierda el control, comportándose de una forma que acarrea lesiones a otras personas y cosas que lo rodean.
Sabemos que la violencia no es un tema de actualidad, esta ha existido desde tiempos remotos, es algo inherente al ser humano, pero aceptar esto no significa que ante eventos de esta naturaleza debamos reaccionar pasivamente, no, de ninguna manera. Todo hecho violento, de agresión en contra de otra persona o que altere la paz, debe ser sancionado.
Lo más lamentable es que cuando se realiza en grupo, pareciera que la forma fuera un escudo de protección, muchos eventos quedan sin castigo, camuflados por el ánimo que provoca hacerlo en colectivo.
El comentario viene al caso por los eventos acontecidos en Querétaro de los últimas días, hemos visto que las tribunas se han convertido en verdaderas campales, escenas en las que se aprecia a grupos enardecidos protagonizando grescas que ponen en riesgo la integridad del resto de los asistentes y sus familias; lamentablemente, no hay un verdadero castigo para los responsables de estos desmanes, pareciera que los delitos que se comenten en un estadio deportivo no pudieran ser sancionados de la misma forma que si se cometieran fuera.
Esto desalienta la asistencia a los estadios o por lo menos desmotiva la idea de acudir con niños, más aún, desvirtúa la verdadera intención de un encuentro deportivo que es la de una sana competencia así como se puede fomentar el deporte en nuestras nuevas generaciones que sea sano y genere un polo de espacios familiares.
La pregunta sería, ¿hasta cuándo se van a seguir tolerando esta clase de actos? Sabemos que no es algo nuevo en los estadios, pero lo cuestionamos así, ya que ahora sí hay forma legal de que se apliquen castigos ejemplares; la actual Legislatura federal aprobó, el 9 de mayo de 2014, la Ley General de Cultura Física y Deporte, la cual contempla sanciones para las personas que generen violencia en los eventos deportivos.
Estamos hablando de una ley general, esto significa que es de obediencia para todos los estados de la República. En la fracción VII del Artículo 2 describe, entre sus objetivos, algo referente al tema de nuestro interés: “Promover las medidas preventivas necesarias para erradicar la violencia, así como la implementación de sanciones a quienes la ejerzan, lo anterior sin perjuicio de las responsabilidades penales y civiles a que haya lugar, y reducir los riesgos de afectación en la práctica de actividades físicas, recreativas o deportivas…”
El reglamento de esta ley prevé sanciones de hasta 4 años y medio de cárcel a quienes generen violencia y de 6 meses a 4 años a quienes participen activamente en riñas, con multas de hasta 6 mil pesos, estas sanciones creo que no logren cambiar la percepción de la experiencia quien vivió este tipo de violencia.
La violencia deportiva, es una más de las manifestaciones de la violencia social, a la que es preciso detener. Las estadísticas no son favorables para nuestro país, es necesario frenar esta ola criminal. Por lo que respecta a su presencia en los estadios, la Legislación ya hizo su parte, la ley y su reglamento ya están; ahora es responsabilidad de los gobiernos estatales y municipales obedecerlos, en ello estriba el evitar que permee el miedo por asistir a los eventos deportivos, todo mundo tiene derecho a disfrutar de un partido de futbol en paz y armonía.
El Estado tiene la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos, el deporte es ante todo un derecho humano reconocido en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, una de sus manifestaciones es el “deporte espectáculo” que forma parte de la cultura física o cultura deportiva del país y que por lo tanto debe ser garantizado, cuando ocurren actos violentos en un evento deportivo se atenta contra el disfrute y el pleno ejercicio de los derechos, como la seguridad, el desarrollo integral de la familia, el derecho al deporte, entre otros derechos que pudieran estar involucrados.
Las disposiciones normativas mencionadas en este trabajo son la respuesta de uno de los poderes públicos a este problema social. Sin embargo, el problema no es la configuración legal, la creación de nuevos tipos penales no resulta ser la solución, los instrumentos normativos ahí están, lo que falta es echar a andar acciones eficaces para erradicar la violencia en el deporte, falta trabajar en los mecanismos de exigibilidad de los derechos, se requiere además, de la participación activa de la ciudadanía en el diseño de políticas públicas, en la implementación y en la rendición de cuentas.
“La violencia es un animal incontrolable, que suele terminar atacando a su propio amo”.
Renny Yagosesky





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