La violencia de género al interior de las instituciones de educación de todos los niveles, pero sobre todo en bachilleratos y universidades, debe ocuparnos y preocuparnos. Por eso es necesario comprender que los actos de acoso, abuso y hostigamiento sexual que ocurren en nuestras casas de estudio, se cocinan en una sociedad machista y misógina para surgir, con toda su fuerza, entre los muros universitarios.
Estas conductas tienen un trasfondo socio-cultural, que se manifiesta en todos los ámbitos vitales, por eso las expresiones de reclamo estudiantil son indispensables para lograr transformar de raíz estas situaciones.
La UAQ, al igual que la UNAM y otras universidades, se ha enfrentado a los reclamos genuinos del estudiantado, sobre todo de mujeres, que han vivido algún tipo de violencia por razones de género, dentro del espacio universitario. Estos reclamos deben atenderse y sancionarse por las vías institucionales adecuadas, presentando las quejas, demandas y denuncias correspondientes e involucrando a todas las instancias del Estado. Eso todos y todas, desde nuestros ámbitos de incidencia, lo debemos exigir.
Desafortunadamente, estos movimientos genuinos, fácilmente se contaminan con la intervención de personajes ajenos a los conflictos, que buscan utilizar la indignación de las, los y les estudiantes para cobrar venganzas, enlodar las causas y llevar agua a su molino. Desde la manipulación política, velada y deshonesta, desvirtúan los movimientos, a través de mentiras, información falsa y verdades a medias y utilizan a quienes reclaman justicia para sus fines perversos. Esto es cada vez más evidente en el paro de la UAQ donde, las exigencias válidas y legítimas, se han entremezclado con cuitas de antaño.
Es imperativo que las y los políticos de todos los partidos, corrientes, filias y fobias, saquen las manos del movimiento estudiantil y resuelvan sus rencillas personales en otra arena y dejen que el estudiantado se enfoque en el reclamo primigenio, la erradicación de la violencia de género en la UAQ.
La comunidad universitaria no debe permitir que personas ajenas al movimiento y a la UAQ, por mezquindad, pongan en riesgo el semestre; titulaciones, experimentos y protocolos de investigación; becas y estancias en el extranjero y la economía familiar de miles de estudiantes e impidan alcanzar acuerdos para lograr las reformas y modificaciones necesarias a los protocolos de atención a la violencia de género.
Atender las exigencias legítimas del alumnado para proteger el derecho humano a gozar de un entorno universitario libre de violencia de género, debe volver a ser el foco de esta lucha, no el cobro de cuentas personales de quienes abusan del movimiento.
Maricruz Ocampo
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