UN FUTURO PARA MÉXICO:
“México debe romper con su pasado y mirar al futuro, nos dicen Jorge G. Castañeda y Héctor Aguilar Camín en este ensayo penetrante y provocativo sobre el momento de irresolución que vive el país. Atado a sus mitos, no toma un rumbo claro; joven en su democracia, duda en dar los pasos necesarios. Se agita sin moverse, discute sin decidir. Los problemas están a la vista, y el futuro, más cerca de lo que parece.”
“La disyuntiva es clara: o lo abrazamos con fuerza o iremos hacia atrás Lo que importa son las emociones subyacentes, la música de la que las ideas no son sino un libreto, a menudo de calidad muy inferior; y una vez que las emociones bajan, las ideas se secan, se vuelven doctrina, cuando no inocuos clichés. Cada época y cada país tiene su leyenda consentida, y regresa a ella en las buenas y en las malas.”
Lewis Namier
En México ha pasado de un gobierno totalitario e irresponsable a una democracia improductiva, así lo afirmaron Jorge G. Castañeda, ex canciller de relaciones exteriores de México y Héctor Aguilar Camín escritor, periodista y analista político mexicano, quienes presentan su ensayo titulado “Un futuro para México”, en el que plantean algunas preguntas y cuestionamientos sobre la situación que se vive nuestro país, dándonos como resultado algunas herramientas de cómo se puede construir un país más próspero con algunas vías más accesibles o realistas para lograr estos méritos.
En este ensayo Aguilar Camín y Castañeda expusieron de manera sencilla temas que nos han formado como país como serían los sindicatos, la propia historia de nuestro país, los monopolios empresariales, las reformas y los retos de la educación ante los jóvenes en este siglo, entre otros aspectos.
En esta primera parte nos titulan sobre “El peso de nuestro pasado” refiriéndose que México es preso de su propia historia. Demostrándonos con sus ideas, sentimientos y las herencias por nuestras tradiciones en el que nos impiden avanzar con más rapidez al lugar que anhelamos todos los ciudadanos de este país. Un ejemplo de este proceso lo podemos ver en nuestra historia en la cual está impregnada desde pequeños en nuestra cabeza, en los sentimientos patrióticos de esta nación, en sus nuestras propias leyes, en nuestras instituciones, en sus hábitos cotidianos y en sus fantasías las cuales obstruyen su camino hacia un futuro mejor.
El Partido Revolucionario Institucional o el PRI es un partido político mexicano de centroderecha. Fue fundado el 4 de marzo de 1929 bajo el nombre de Partido Nacional Revolucionario por el expresidente Plutarco Elías Calles. Este partido político estuvo más de 70 años en el poder de México, una de las épocas descritas como una la dictadura perfecta. Una institución camuflada de tal modo que no parece una dictadura pero al escarbar más afondo tiene todas las características de esta misma, la permanencia no de un hombre si no de un partido, un partido que es inamovible, un partido que concede la suficiente crítica en la medida que esta misma le sirva para confirmar que es un partido democrático pero que suprime por todos los medios incluso los peores actos.
El PRI nació de institucionalizar a los líderes revolucionarios, estos mismos que disparaban y después preguntaban. Su fundador el expresidente Plutarco Helías Calles quien decidía perseguir las ideas revolucionarias pero la “Tierra y la libertad” de Zapata continuaba siendo una utopía muy lejana. Los derechos de los trabajadores que defendían los hermanos Flores Magón pecaban por su ausencia.
Del sufragio efectivo no relección de Madero, Calles busco la forma vía dedazo de reelegirse por varios periodos así es como nació el PRI plagado de incongruencia desde su fundación, lo que buscaban era repetirse el botín que era México y una vez repartido vendría el benéfico social.
En cada sexenio se presentaron estallidos sociales de inconformidad debido a los abusos del poder, los actos de corrupción, la censura, los fraudes electorales y las limitadas libertades que el gobierno les otorgaba a los jóvenes. El PRI aplico el método romano y cuando este mismo no funcionaba el de Don Porfirio.
El método romano que mantiene tranquilos a la plebe dándole pan y circo a subsidiar la pobreza y entregarle al pueblo grandes distractores. Si este método no funcionaba se aplicaba el de Don Porfirio pan y palo mediante el cual los intelectuales y los líderes de diversos movimientos sociales se les compraban mediante puestos de gobierno, reconocimientos, terrenos, casas y dinero.
Después de la salida del partido del poder en el año 2000 se pensaba que vendría un cambio significativo, pero las irregularidades y los cambios de bando de los antiguos priistas envolvieron a un país que estaba mal administrado a continuar en las mismas circunstancias tanto políticas como económicas.
Revisando sobre el estado democrático de nuestro país, sobre sus problemas más relevantes de nuestra vida como nación y como pueblo, se nos presenta a siempre volver al punto de partida que intentamos salir. Las situaciones conflictivas no se resuelven, solo se posponen una y otra vez. Frente a temas graves resaltan muchas propuestas, pero no existe la voluntad y capacidad para solucionarlas o construir un planteamiento común.
Un ejemplo actual de nuestra democracia improductiva y además rutinaria es la misma “contingencia” que se han convertido en la respuesta de todos los días, ante la incapacidad de estructurar planteamientos a fondo para solucionarla o llegar a un buen control contingente. Y así pasamos de un gobierno a otro y a otro; cambian las formas pero todo permanece igual.
El recurso que siempre aparece más de la mano, en el mejor de los casos, es adoptar las decisiones más fáciles, que generalmente no son las mejores y que se agotan en el corto plazo. Así hemos actuado con los temas fiscales, la industria energética, la infraestructura, la dispersión institucional, la salud, la educación, el empleo público, para solo hacer referencia a algunas situaciones críticas que son recurrentes en el panorama nacional.
La realidad es que las acciones inmediatas e imprevistas cada vez encuentran menos espacio. La frustración y el desencanto por la ausencia de soluciones golpean a más sectores y tienden a poner en cuestionamiento las bases mismas de nuestro sistema democrático.
México necesita salir de su pasado. Puede hacerlo por la vía de democracia convirtiendo las elecciones de 2012 el año en que el PRI volvió al poder, en una referencia de contraste político o el 2018 donde MORENA llega al poder con altos márgenes de aceptación .
Para ponerse en ese camino, deben tomarse cuatro decisiones estratégicas:
- Asumir los cambios que requiere la economía para crecer.
- Decidir el lugar que se quiere ocupar en el mundo.
- Universalizar los derechos y garantías sociales necesarios para construir una sociedad equitativa, donde más de las dos terceras partes de la misma vivan más o menos igual.
- Hacer productiva la democracia mediante reformas institucionales que garanticen la seguridad de los ciudadanos y la fluidez de los cambios que requiere el país.
¡Debemos actuar ya! El país requiere planteamientos más a fondo, de largo alcance, de políticas de Estado que no sean cortas ni se disuelvan ante la primera dificultad. Para ello hay que tener voluntad para conjuntar el equipo que pueda construir estas mismas propuestas, visión sobre el gobierno de nuestro tiempo, y capacidad para sumar, unir voluntades en una gran convocatoria que pueda darle orientación, contenido a un nuevo gobierno, que trascienda las barreras tradicionales partidistas, y se convierta en el gobierno de los mejores a favor de las mayorías.





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