UNA CIUDAD TAMBIÉN SE CORRE, SE CAMINA Y SE PEDALEA
En tiempos de hiperconectividad, recuperar los espacios para caminar, jugar, hacer deporte y encontrarse con otros puede ser también una forma de recuperar salud y comunidad.
Hay una paradoja en la ciudad contemporánea: nunca habíamos estado tan conectados y, al mismo tiempo, nunca había sido tan fácil pasar horas enteras sin movernos.
Una pantalla nos acompaña al trabajo, a la comida y al entretenimiento. El automóvil nos lleva prácticamente hasta la puerta. Las compras llegan a casa. Buena parte de nuestra vida puede transcurrir sin necesidad de caminar más allá de unos cuantos metros.
Mientras la tecnología nos ahorra tiempo y desplazamientos, nuestro cuerpo paga la factura.
La Organización Mundial de la Salud advierte que 31 por ciento de los adultos en el mundo no realiza suficiente actividad física. En adolescentes, la cifra llega aproximadamente al 80 por ciento. La inactividad física está asociada con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, algunos tipos de cáncer y problemas de salud mental.
En México tampoco estamos fuera de esta tendencia. Datos de la ENSANUT muestran un incremento de la inactividad física y del comportamiento sedentario en distintos grupos de población.
Por eso, cuando una ciudad incorpora parques, andadores, ciclovías, canchas y gimnasios al aire libre, no estamos hablando solamente de paisaje urbano.
También estamos hablando de salud pública.
CUANDO EL PARQUE ESTÁ CERCA
En el crecimiento urbano de Querétaro hay ejemplos interesantes.
Zibatá, por ejemplo, ha incorporado más de 175 hectáreas de áreas verdes y una ciclovía de aproximadamente ocho kilómetros, además de parques con canchas, gimnasios al aire libre, áreas infantiles y espacios para distintas actividades.
Zákia desarrolló también una propuesta basada en áreas verdes, lagos, recorridos peatonales, ciclopistas y espacios para hacer ejercicio.
Y en Nuevo Refugio se incorporó una ciclopista alrededor del desarrollo, además de andadores y áreas verdes.
No se trata de hacer publicidad a estos proyectos. Lo interesante es observar una tendencia urbana: la actividad física comienza a formar parte del diseño cotidiano de algunos nuevos espacios habitacionales.
Y eso importa.
Porque si para correr hay que tomar el automóvil, recorrer varios kilómetros y encontrar dónde estacionarse, muchas personas terminarán no corriendo.
Pero si existe un circuito a unos minutos de casa, la posibilidad cambia.
Lo mismo sucede con una cancha, un parque infantil o un andador.
El diseño de la ciudad puede facilitar o dificultar que nos movamos.
EL DEPORTE TAMBIÉN CONSTRUYE COMUNIDAD
Hay otra dimensión que pocas veces se considera.
Una cancha no solamente sirve para jugar futbol.
Es un lugar donde los niños hacen amigos.
Un parque no solamente sirve para caminar.
Es un espacio donde los vecinos se encuentran.
Una ciclovía no solamente sirve para pedalear.
Puede convertirse en el recorrido cotidiano de una familia.
Un gimnasio al aire libre puede terminar siendo un punto de reunión.
En una época en la que buena parte de nuestras relaciones pasan por una pantalla, los espacios físicos recuperan un valor que parecía obvio y que quizá habíamos olvidado:
la posibilidad de encontrarnos.
El deporte puede ser entonces mucho más que ejercicio.
Puede ser un pretexto para construir comunidad.
LA PREGUNTA QUE DEBEMOS HACERNOS
Pero tampoco basta con construir parques y ciclovías.
La verdadera pregunta es si son accesibles, seguros, mantenidos y utilizados.
Y hay una cuestión todavía más importante para Querétaro:
¿Estos espacios serán una característica exclusiva de los nuevos desarrollos o podremos convertir esta filosofía en una política urbana para toda la ciudad?
Porque caminar, correr, andar en bicicleta, jugar o simplemente sentarse bajo un árbol no debería depender de la capacidad económica para vivir en determinado lugar.
Querétaro seguirá creciendo. La discusión, entonces, no debería ser únicamente cuántas viviendas más podemos construir, sino qué clase de ciudad queremos construir alrededor de ellas.
Una ciudad saludable no es solamente aquella que tiene hospitales.
También es aquella que permite prevenir enfermedades.
Una ciudad que cuida a sus habitantes no es únicamente la que responde cuando alguien enferma.
Es la que facilita que la gente camine, se mueva, respire aire libre y conviva.
Quizá el verdadero lujo de la ciudad del futuro no sea vivir rodeado de concreto.
Quizá sea poder salir de casa y encontrar, a unos pasos, un lugar para caminar, correr, pedalear, jugar y encontrarse con los demás.
Porque una ciudad también se mide por algo tan sencillo como esto:
¿Qué tan fácil es volver a vivirla?




Comentar con Facebook